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Centenares de miles de barceloneses volvieron a expresar un rotundo rechazo a la guerra en otra multitudinaria manifestación contra la intervención militar en Iraq. La Guardia Urbana de Barcelona estimó que medio millón de personas recorrieron los cinco kilómetros que hay entre la plaza Espanya y el Pla de Palau por la avenida Paral·lel y el paseo Colom. La plataforma Aturem la Guerra, que convocó la movilización, dobló esa estimación y la cifró en un millón de personas, mientras que la Delegación del Gobierno redujo la manifestación a 150.000 participantes. En cualquier caso, la convocatoria fue seguida de forma masiva y cuando la cabecera de la manifestación llegó –después de dos horas– al final de su recorrido, frente a la Delegación del Gobierno, todavía había manifestantes que marchaban desde la plaza Espanya. En el Pla de Palau, la actriz Vicky Peña leyó un manifiesto de condena a la intervención militar en el que se pidió la dimisión del presidente del Gobierno, José María Aznar. Un cañón de luz de la organización proyectó sobre la fachada de la Delegación del Gobierno el lema “Guerra no”. Una vez finalizada la marcha, un grupo de unos 40 manifestantes lanzó pintura, huevos y piedras contra otra de las fachadas de la Delegación y los objetos arrojados causaron heridas a dos agentes de la Policía Nacional. Como consecuencia de los incidentes, los propios organizadores retuvieron a una de las personas que lanzaban pintura –un joven de 23 años–, que fue detenido por la Guardia Urbana, que lo puso a su vez a disposición de la Policía Nacional. Asimismo, los convocantes trataron de impedir los lanzamientos y llegaron a colocar una de sus furgonetas entre la policía y el grupo de exaltados. Fuentes policiales informaron también de que “un grupo de incontrolados” hizo pintadas sobre una unidad móvil de Televisión Española. Como en la masiva movilización contra la guerra del pasado 15 de febrero, los líderes políticos quedaron en un segundo plano, por detrás de los ciudadanos anónimos que portaron la pancarta principal, con el doble lema “Paremos la guerra. Aznar dimisión”. El PSC estuvo representado por su presidente, Pasqual Maragall, y por el alcalde de Barcelona, Joan Clos. El candidato de CiU a la alcaldía barcelonesa, Xavier Trias, encabezó la representación de la federación nacionalista, aunque no figuró detrás de la misma pancarta que otros líderes políticos catalanes, ya que el cartel reclamaba la dimisión de Aznar. El secretario general de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira y el líder de ICV, Joan Saura, también se sumaron a la protesta. Durante la marcha, los manifestantes ironizaron sobre las cifras de asistencia que ofrecería la Delegación del Gobierno al término de la manifestación. Uno de los lemas cantados fue: “Luego diréis que somos cinco o seis”. En catalán, crecía la cantidad: “Després direu que som nou o deu”. La estrella de los lemas fue, sin embargo, Aznar. Tampoco se libraron George Bush, Tony Blair, Ariel Sharon o Saddam Hussein. Incluso se coreó un cántico de hace más de veinte años: “OTAN no. Bases fuera”. Los participantes expresaron también su rechazo a la intervención armada cuando la manifestación pasó ante el Gobierno Militar de Barcelona, al final de la Rambla, y ante la Capitanía General, en el paseo Colom. En ambos casos, la protesta se limitó a un fuerte abucheo y a la petición de que la bandera española ondeara a media asta en señal de duelo por las víctimas de la guerra de Iraq. Ambos edificios militares permanecieron cerrados durante la protesta ciudadana y con vehículos policiales antidisturbios estacionados en sus entradas. Al término de la manifestación, se guardó un minuto de silencio por las víctimas de la guerra, que muchos de los asistentes observaron mientras mantenían las palmas de sus manos hacia arriba, como en las manifestaciones contra actos terroristas. Asimismo, y de forma espontánea, numerosos manifestantes exhibieron pañuelos blancos como expresión de rechazo a la guerra. La masiva manifestación de Barcelona se vio flanqueada a su paso por el Paral·lel por muchas ventanas y balcones en los que colgaban pancartas contra la guerra o, como habían sugerido los organizadores, simples sábanas blancas como símbolo de la protesta. De nuevo, como en la manifestación del 15 de febrero, el público asistente estuvo formado por familias que participaron en actos como echarse a tierra cuando la megafonía emitía el sonido de las sirenas de alarma, como las que se oyen estos días en Bagdad durante los bombardeos. Después de que se leyera el manifiesto contra la intervención militar en Iraq, un representante de Aturem la Guerra, que engloba a unas 250 entidades, anunció que su próxima convocatoria será para el miércoles 26 de marzo, día en el que pedirán a la ciudadanía que realice un paro general en todos los órdenes. No sólo en el trabajo, sino también en el consumo, en especial de energía. Ese mismo día, a las 19 horas, Aturem la Guerra ha convocado una concentración con velas en la plaza Catalunya de Barcelona. Y por la noche, los organizadores proponen que se apaguen todas las luces de las viviendas y se haga una cacerolada por balcones y ventanas durante un cuarto de hora, a partir de las 22 horas. Por otra parte, fuentes policiales informaron ayer de que desde el pasado viernes se han producido quince ataques de algún tipo –como lanzamiento de objetos o pintadas– a sedes o domicilios de miembros del PP. Los incidentes registrados han ocurrido en Barcelona, Tarragona, Lleida, Girona, Reus, Premià, Santa Coloma de Gramenet, Terrassa, Sant Cugat, Santa Perpètua de la Mogoda, Manresa y l'Hospitalet de Llobregat. Fuente: www.lavanguardia.es |
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