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José María Aznar está dispuesto a mantener su apoyo a Washington sea cual sea el camino que se tome para resolver la crisis de Iraq. En el inicio de una semana crucial para intentar lograr un consenso en el Consejo de Seguridad de la ONU que parece muy difícil, representantes del Ejecutivo sostenían ayer que el presidente “no va a modificar una decisión tomada hace tiempo y seguirá adelante con todas sus consecuencias”. Para ello, cuenta con que el resto del Gobierno y el PP le secunden porque de lo contrario se abriría un debate de incalculables consecuencias. La apuesta “personal” de Aznar está hecha y, por tanto, del escenario que se pueda dibujar en las próximas horas o días depende no sólo el futuro del actual orden internacional, sino que también puede ser crucial para la política interna española. En la peor de las hipótesis para el Gobierno –en el caso de que la resolución patrocinada por Washington, Londres y Madrid no salga adelante–, miembros del Gabinete no dudan de que Aznar mantendría firme su tesis de que es “imprescindible para la paz y la seguridad mundial el desarme de Saddam”. Esto es, intervenir militarmente en Iraq, aun sin mandato de la ONU. A partir de aquí, y siempre como hipótesis, el jefe del Ejecutivo podría verse obligado a medir los apoyos con que cuenta, incluso dentro de su propio partido, y podría presentar una cuestión de confianza en el Congreso, donde el PP cuenta con mayoría absoluta. Obviamente, todo dependerá de cómo se desarrollen los acontecimientos y cuáles sean las repercusiones inmediatas para el pueblo iraquí cara a afrontar de una forma u otra la reacción de la opinión pública española. Al margen de que en el Gobierno se mantiene mayoritariamente que Aznar seguirá su camino, en la Moncloa se trabaja con todos los escenarios posibles y ayer se empezó a estudiar la posibilidad de que la resolución del eje atlántico no se someta a votación si no se logra una mayoría. Aunque George W. Bush señaló su intención de presentarla en el Consejo de Seguridad “para que todos los países se retraten”, se vuelve a plantear la posibilidad de no presentarla, con el fin de evitar a Tony Blair y a Aznar un importante desgaste en sus respectivos países. De todas maneras, el Gobierno se sigue confiando en la capacidad de presión de Bush para lograr una mayoría que avale un ataque a Iraq, a la vez que relativiza el peso de un hipotético veto de Francia. El coste electoral del apoyo que España da al posible ataque a Iraq preocupa en el PP, y mucho. “Tenemos que remontar una situación complicada, pero en el PP tenemos experiencia de cómo hacerlo”, dijo Javier Arenas a los dirigentes provinciales y regionales del PP, que se reunieron en Madrid con el secretario general y los tres vicesecretarios y candidatos a la sucesión de Aznar, Rodrigo Rato, Mariano Rajoy y Jaime Mayor Oreja. El mensaje a quienes tendrán que afrontar de forma más directa las elecciones del 25 de mayo, y que más temen el desgaste de la probable guerra, es que el PP tiene mucho que vender: “todo lo realizado”, “gestión”, “nuevos proyectos”, porque ésas son las cosas –argumentan– que afectan a los ciudadanos, y no la guerra de Iraq o la catástrofe del “Prestige, “dos asuntos muy llamativos, pero cuya incidencia en la vida real de la gente no es tanta”, en palabras de Mariano Rajoy. En la misma línea, Rodrigo Rato animó a los dirigentes del PP a trabajar con ánimo para ganar las elecciones pese a “los momentos políticos tan intensos”, y sin olvidar que “los electores toman la opción de votar a un partido en función de cada elección”, y en ésta lo que los españoles quieren –dijo– es al partido que mejor les resuelve sus problemas. También Javier Arenas exhortó a los dirigentes populares a centrar el debate político en “problemas reales”, que no son otros, coincidieron todos, que el empleo, la vivienda, la seguridad ciudadana y el terrorismo. Hasta tal punto están preocupados por que la crisis internacional centre el debate político que Jaime Mayor Oreja, en su intervención, llegó a afirmar que hay que hacer un esfuerzo para evitar que Iraq “enmascare” los verdaderos problemas de la política nacional, y el primero el del terrorismo, de forma que advirtió de que “a más movilización de la izquierda” contra la guerra, “más crecerá la ofensiva de los nacionalistas”. Pero aunque la consigna parece ser no hablar de la guerra, todos se refirieron a ella. Sólo Rodrigo Rato hizo veladas alusiones sin entrar en el problema ni en las consecuencias. Arenas, además, centró sus ataques en Zapatero y las incongruencias del PSOE, en una actitud, dijo, “que será muy progresista”, pero que no conduce a ningún lado, por lo que, subrayó, “los progres que estén con el dictador y el tirano iraquí, que nosotros estaremos con los países que defienden la libertad, la tolerancia y la convivencia”. Sobre todo, el mensaje lanzado a los dirigentes del PP es que las elecciones no están perdidas, pese a lo que dicen las encuestas. Por eso Rajoy les animó a luchar por la victoria. El Gobierno, dijo el vicepresidente, “está dispuesto a dar la batalla política, porque la única batalla perdida es la que no se da”. Fuente: www.lavanguardia.es |
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