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Turquía y el negocio de la invasión de IraqLa primera petición turca de que EEUU concediera unos beneficios de 40 mil millones de dólares en ayuda económica que paliasen su profunda crisis financiera fue reducida por los negociadores de la Administración estadounidense a un mínimo de 5 mil millones en donaciones y 10 mil millones en préstamos. Para paliar el resto, la Administración Bush se habría comprometido a garantizar para el futuro posbélico ciertas concesiones comerciales y contratos del crudo iraquí a Turquía. Asumida esta contraoferta por el gobierno turco, el acuerdo final no ha podido alcanzarse pues más importante que la ayuda económica resulta para la Turquía oficial obtener garantías plenas de que en ningún caso la intervención militar en Iraq servirá para dar paso a la creación de una entidad kurda en el territorio kurdo-iraquí, donde, además de haber presencia de kurdos turcos refugiados y perseguidos por Ankara, operan con un firme alineamiento pro estadounidense las dos grandes formaciones kurdo-iraquíes Partido Democrático del Kurdistán (PDK) y Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) que han sido en estos años y siguen siendo, a las puertas de la invasión militar, con el soporte financiero de EEUU y el asesoramiento de la CIA, los mercenarios esenciales para la intervención estadounidense en el norte Iraq. Alineados en el mismo bando proestadounidense, la Turquía oficial y los partidos kurdo-iraquíes del PDK y la UPK, están resultando ser para la Administración Bush socios altamente desestabilizadores para su ya avanzada planificación bélica por ser abiertos competidores que pugnan, a costa de la agresión contra Iraq y del pingüe negocio de la guerra, por satisfacer sus propios beneficios contrapuestos. Turquía no acepta la creación de ningún tipo de entidad kurda en el territorio de Iraq porque su reconocimiento abalado por el imperialismo estadounidense constituiría un precedente que abriría la vía de las reivindicaciones de la población del Kurdistán turco. Para satisfacer sus demandas, el gobierno turco habría incluso reclamado a la Administración Bush que sea Turquía quien supervise la participación militar de los kurdos iraquíes en el norte de Iraq, quien controle su armamento y su desarme tras las invasión y, a los efectos de garantizar el mantenimiento de las fronteras actuales de Iraq, participar en la Administración militar que EEUU instalará en Bagdad una vez invadido y ocupado el país. Por su parte, las organizaciones kurdo-iraquíes del PDK y la UPK, bien recompensadas por EEUU al igual que Turquía durante estos últimos doce años de sanciones contra Iraq, han protestado ante un eventual acuerdo bilateral entre EEUU y Turquía que cuestione no solo la consolidación de la autonomía financiera y administrativa que EEUU les ha permitido desarrollar en las provincias del Kurdistán iraquí a la sombra del embargo contra Iraq y su gestión, sino su participación activa en el reparto territorial con que ambas organizaciones esperan ser recompensadas en el nuevo mapa que EEUU prevé diseñar para el futuro de Iraq. La alarma que ha generado en ambas organizaciones kurdo-iraquíes un posible acuerdo entre EEUU y Turquía que les niegue la concesión de una futura entidad kurda, se ha trasladado al ámbito donde el PDK y la UPK intervienen más activamente, el de los divididos grupos de la oposición iraquí en el exilio partidarios de la invasión contra Iraq, donde confluyen en una única caracterización común: la de estar al servicio de los intereses de EEUU y de satisfacer los propios sin perjuicio de lo que pueda ocurrirle en el futuro a su propio Estado y a su propio pueblo. La oposición aliada de Washington pierde su funcionalidad Reunidos ante el enviado especial del presidente Bush, Zalmay Khalilzad en Salah Addin, ciudad de la provincia kurda del norte de Iraq, y para designar el nombramiento de un "consejo dirigente" de seis miembros según lo acordado en su última reunión mantenida en Londres el pasado mes de diciembre, los opositores Talaban (UPK), Barzani (PDK), Ahmad Chalabi (Congreso Nacional Iraquí, CNI), Abdul Asis Al Hakim (Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Iraq, CSRII), Ayad Allawi (Acuerdo Nacional Iraquí, ANI), y Adnan Pachachi, (independiente), han tenido que afrontar, finalmente, la incompatibilidad de sus intereses particulares con aquellos de la hegemonía imperialista que defiende la Administración Bush: la determinación de EEUU de instalar una Administración militar estadounidense en Iraq tras su invasión se revela bien contraria a sus pretensiones de ser recompensados por el servicio prestado desde 1991 a las Administraciones de EEUU, a través de un ansiado reparto territorial del Estado iraquí que, siguiendo criterios étnicos y confesionales les hubiera permitido regresar a un Iraq dividido en entidades kurda (al norte), shi'i (al sur) y sunní, (asociada a una reinstauración de la monarquía a través de la línea jordana hachemí en el centro del actual Estado). Frente a tales pretensiones, ha tenido que ser el propio enviado de Bush, Khalizad quien les llamase al orden y les recordase que, habida cuenta de su propia falta de representatividad en el interior de Iraq y de su incompetencia para organizarse en los últimos años (a pesar del desembolso económico que las Administraciones Clinton y Bush realizaron para su financiación y entrenamiento) como una oposición unitaria que facilitase a EEUU la instauración de un gobierno designado desde el exterior, reproduciendo el modelo de intervención afgano, la Administración estadounidense ha acabado por planificar y decidir su control directo sobre Iraq. Las ambiciones políticas de quienes han estado durante años favoreciendo con su apoyo el asedio de Iraq y respaldando el cambio de régimen desde las directrices emanadas del Pentágono, la CIA y el Departamento de Estado se ven ahora frustradas, como no podía ser de otra manera, por la ambición suprema de Washington. La desfachatez con la que ahora pretenden desmarcarse criticando el proyecto estadounidense de ocupación de Iraq como están haciendo todos ellos ilustra la falta de escrúpulos que define a todos ellos. Frente a sus miserables ambiciones de retornar cómoda y gratuitamente a un Iraq posbélico como "gobierno en el exilio" legitimado por EEUU, el llamamiento hecho por otras organizaciones iraquíes en el exilio agrupadas en la Alianza Nacional Iraquí (ANI) para retornar a Iraq y defender colectivamente el país de la agresión exterior y de la recolonización marca la pauta de lo que significa el compromiso nacional en un momento de máxima emergencia en el que está en juego la preservación del Estado de Iraq, de su soberanía, su independencia y de la dignidad de su pueblo. |
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