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El lado rentable de las guerras del Despacho Oval

MundoArabe.org
George Walker Bush, hijo de un ex presidente y ex director de la CIA, socios todos de la familia Ben Laden en más de un negocio petrolero lícito (Arbusto Oil Co.) y en más de uno turbio (Iran Gate o Afganistán-Talibán-CIA-Al Qaeda), entró a la Casa Blanca por la ventana, empujado por un fraude, en una nada democrática elección que no se diferenció en sustancia de los ilícitos electorales de Colombia, Perú o Paraguay o de las llamadas repúblicas bananeras. Su legitimidad estaba seriamente cuestionada. Y la recesión le pisaba los talones. Los hechos del 11S le cayeron como anillo al dedo a la ilegitimidad del mediocre presidente, a la maltrecha economía imperial, a la recalcitrante derecha estadounidense y mundial y por su puesto a los halcones de la guerra que mueven los Complejos Militares Industriales de EE.UU., Europa y Japón.

Es saludable saber que antes del derrumbe de las Torres y la misteriosa caída del quinto lado del Pentágono, economistas y estudiosos, muchos de ellos sin ningún atisbo izquierdista, señalaban que la recesión económica, de la que "no se salvaba ni Europa", se avecinaba a pasos acelerados.

La crisis anunciada era la más seria tras la II Guerra Mundial. El espejismo de bonanza financiera estaba por terminar. Estados Unidos había creado un sistema financiero internacional "sin ley ni gobierno". Su economía era próspera y salvaba más de una crisis con el movimiento ilícito del capital financiero y con la activación de su Complejo Militar Industrial (CMI). Una alza moderada en el gasto militar no habría solucionado la crisis que sobrevenía.

En mayo de 2001 bajaron por quinta ocasión los tipos de interés, para enfrentar una recesión que estaba en marcha, según un economista francés sólo "dopó por un momento los mercados bursátiles". El espejismo creado en las bolsas neoyorquinas sólo se reactivaba gracias a la afluencia de capitales de origen foráneo que provenían del lavado de dinero sucio en los bancos norteamericanos.

Los positivos índices macro-económicos no eran resultado de un progresivo crecimiento productivo que se manifestara en la elevación del nivel de vida y la mayor capacidad adquisitiva de los consumidores, sino del enriquecimiento ilícito de una minoría de accionistas de corporaciones transnacionales. La crisis anunciada por todos los expertos, puso a temblar a los capos financieros del Planeta. No tenía salidas de emergencia, sólo continuar con la especulación monetaria, la emisión inorgánica de dólares, el lavado de dinero sucio, etc.

En los Estados Unidos y los países bajo su dependencia los parámetros económicos eran los de una crisis de magnitud: superproducción, precios a la baja de las tecnologías de punta, disminución de las importaciones, mercado accionario en caída, restricción creciente del consumo, abatimiento del mercado de la construcción, disminución del crecimiento crediticio.

Además, los nuevos Cruzados del fundamentalismo norteamericano gozan del privilegio imperial de pagar sus compras con reconocimientos de deuda, endeudándose potencia su dólar y nos lo impone a todos. Como un drogadicto, depende de ese endeudamiento, además se engulle el 80% del ahorro mundial y aún así no es suficiente, porque ha llegado al límite de usurpación del mismo".

El neoliberalismo y la globalización, sacrosantas teorías del imperio, empezaban su derrumbe junto a los inoperantes FMI, BM y OMC. Las vastas movilizaciones y populares de EE.UU. (Seattle), Canadá (Québec) y Europa (Praga y Génova) expresaban no solamente el sentimiento de los pobres de la Tierra, sino de importantes segmentos del empresariado, que veía venir un derrumbe catastrófico general, que le arrastraría junto a los billetes verdes al abismo.

Y ahora el vicepresidente Cheney esperando a Irak

La empresa que construye las barracas, limpia las letrinas y da de comer a los soldados en las guerras de Estados Unidos alrededor del mundo es la misma que dirigió el vicepresidente Dick Cheney hasta que asumió su cargo. El Pentágono le ha otorgado contratos de miles de millones de dólares sin tener que pasar por un proceso normal de licitación, y además en unas condiciones inexplicablemente ventajosas, contrarias a la política de control presupuestario del Gobierno: cuanto más gasten, más les pagan.

La empresa de servicios Brown & Root, subsidiaria de la petrolera Halliburton -de la que Cheney fue consejero delegado-, fue elegida a pesar de que la estaban investigando en California por fraude y de que la Oficina de Control del Congreso (GAO, en sus siglas en inglés) recomendara al Pentágono que no se lo dieran porque anteriormente había pasado facturas infladas en decenas de millones de dólares. Por ejemplo, la factura de luz de las tropas estadounidense estacionadas en Kosovo ha ascendido anualmente a 17 millones de dólares, el doble de lo necesario, según un informe de los investigadores del Congreso.

Tanto los altos mandos militares como la propia compañía Brown & Root afirman que los dos contratos actuales, con el Ejército y la Marina no los han conseguido con tráfico de influencias, sino por su experiencia y calidad de servicio. La portavoz de la empresa, Zelma Branch, dice que ni ellos se pusieron en contacto con Cheney cuando su propuesta la estaba evaluando el departamento de intendencia del Pentágono ni Cheney les llamó.

"Nadie en su sano juicio concede un contrato así", opinaba en una reciente entrevista el profesor de la Universidad de Georgetown Steven Schooner, especialista en contratos del Gobierno. "Básicamente equivale a decir: busqué formas creativas de gastar mi dinero". El contrato con el Ejército es prorrogable automáticamente por 10 años y no impone límite de gastos. El único requisito es mantener contentas a las tropas.

Con ese objetivo en mente, Brown & Root ha estado limpiando las instalaciones militares un promedio de cuatro veces al día. El cálculo preliminar del coste hasta el año 2004 es de 2.200 millones de dólares sin tener en cuenta los imprevistos que surjan, para los que tienen carta blanca.

Actualmente Brown & Root está construyendo las nuevas instalaciones carcelarias para los detenidos en la base naval de Guantánamo, a un coste de 37,3 millones de dólares. También atiende a los soldados en Uzbekistán y otros frentes donde hay destacadas, abierta o encubiertamente, tropas norteamericanas, aunque el Pentágono rehúsa revelar las ubicaciones específicas "por razones de seguridad".

De hecho, los contratos convierten a Brown & Root en el único proveedor de servicios del sector privado para la próxima década. Es algo anómalo, "casi sin precedentes", en palabras del profesor Schooner. Lo normal, según él, son contratos de cinco años como máximo, y eso en los casos en los que la empresa tenga un historial impecable.

Brown & Root no lo tiene, según la Oficina de Control del Congreso. Además de las millonarias facturas de luz, el contratista pasó otra de 5,2 millones de dólares de muebles para las tiendas militares acampadas en los Balcanes. GAO también ha acusado a los gestores de Brown & Root de emplear el doble de personal del necesario y pagarles además como si trabajaran 24 horas al día.

Semanas después de que Cheney dejara el puesto de ministro de Defensa con el primer presidente y ex director general de la CIA George Bush padre, a comienzos del año 1992, Brown & Root ya obtuvo el primer contrato. Los contactos con sus ex subordinados siempre han sido sólidos. Al poco de ser nombrado consejero delegado de Halliburton (empresa matriz de Brown & Root), en 1995, Cheney obtuvo el contrato de apoyo logístico en Kosovo, que ha pasado a conocerse como la más cara de la historia militar de Estados Unidos.

En abril del año 2000, siendo ya vicepresidente Cheney, el Pentágono otorgó a Brown & Root otro contrato de 300 millones de dólares para proveer servicios en la Marina. Y el pasado febrero, sin pasar por licitación, obtuvo el del Ejército. Ese mismo mes se cerró en California una investigación contra Brown & Root por haber inflado las facturas de construcción, mantenimiento y reparación de la base militar de Fort Ord, en Monterrey.

La empresa accedió a pagar dos millones de dólares para zanjar el asunto. Era, sin duda, una cantidad insignificante en comparación con lo que le iba a reportar el contrato que le acababan de dar.

Si Estados Unidos emprende una acción militar contra Irak, Brown & Root se encargaría de proveer los servicios a las tropas. Entre las hipótesis que barajan los propios analistas del Pentágono está la de que EE.UU. mantuviera durante varios años destacamentos en la zona. La factura podría ascender a miles de millones de dólares.

Ante la Guerra, Actua